César Esteban Muñoz
Santiuste de San Juan Bautista (Segovia), 19 de noviembre de 1965.
Profesor de Dibujo Técnico y dibujante de tebeos.
Es increíble la cantidad de personas que se dedican al cine y al cómic en Valladolid, ya sea totalmente o solo de forma ocasional mientras tienen otro trabajo. En este último caso estaría César Esteban, miembro del colectivo Cretino y creador del Motomutante Maroto. Aunque no nació en esta ciudad sí ha pasado la mayor parte de su vida en ella, él se siente de aquí y aunque ahora esté viviendo en Madrid siempre termina volviendo.
¿Cuál es tu actual actividad en Madrid?
Soy profesor de instituto. Hice Bellas Artes en la Complutense, trabajé en publicidad algunos años y pasé a la docencia de Dibujo Técnico.
¿Los alumnos se interesan por el cómic, leen tebeos?
Se interesan algunos, menos de los que pudiera parecer. Todos han crecido con el manga que es su referencia gráfica, de los que dibujan que igual es uno de cada clase. No hay un interés especial. Yo creo que en general el lector de todo va de capa caída. De novelas, de periódicos, de tebeos...
En cambio se cree que son para niños.
Es el prejuicio cultural que ha tenido siempre este medio, de hecho es evidente que cada vez más se busca un público adulto. El invento de la novela gráfica busca equipararlo con la literatura y ofrece los mismos contenidos, para mí es uno de los defectos que tiene. Cuando te lees Arrugas (novela gráfica de Paco Roca) está muy bien pero es bastante convencional, el contenido de la historia es algo que ya ha ofrecido siempre la literatura, el ensayo o cierto cine. Se está perdiendo cierto carácter gamberro e innovador que tenía el tebeo.
Pero tenemos Maus (Norma cómics) que sorprende a la gente por hablar del Holocausto y hacerlo con animales.
Sí, hay cosas geniales, pero también este tipo de novela gráfica de gente que te cuenta su infancia, sus frustraciones y cuestiones más personales que no me gustan tanto, me dejan un poco frío. Es que esa biografía sentimental de alguien que me cuenta su vidilla me da repelús, directamente. Pero claro, está vestido con una estética y un estilo muy artístico, me parece que son fruto de cierto complejo cultural. Se intenta equiparar a otras artes y también que lo que cuente sea muy serio.
Muchos nuevos lectores de cómic han llegado por esto.
Eso reconozco que es cierto. Hay cosas que están muy bien y está siendo positivo pero yo me he alegrado de que el premio sea para Santiago Valenzuela. Me parece que El Capitán Torrezno es algo que no existe en ningún otro medio, no se cuenta ese mundo mental tan delirante.
¿Es probable que tú hagas una novela gráfica?
No digo que no, lo que pasa es que en el fondo es otro cajón desastre. Hay cosas acojonantes e irreverentes como Ed, el Payaso Feliz de Chester Brown, con unas ideas totalmente delirantes y es otra de esas cosas que no hay en literatura o en cine, esto es lo que se puede lograr en un tebeo. Aquí ha hecho lo que ha querido, es muy duro, con un humor negro muy fuerte.
Aunque el mercado está mejorando todavía estamos a años luz de la época Bruguera.
Es que es curioso pero la gente a cierta edad deja de leer, más todavía tebeos. Cuando eres pequeño todo el mundo tiene, pero en un momento se deja de leer igual que hay mucha gente que deja de dibujar, no sé muy bien el porqué. Es cierto que la novela gráfica está logrando volver a traer a un público que es más amplio de lo que parece, pero es una lectura a la que casi no se le da importancia a pesar que de pronto Carlos Boyero te dice que ha leído Watchmen (historia que redefinió el género de los superhéroes).
“Antes había publicaciones semanales y se vendían, porque se vendían en los kioskos de donde han desaparecido”
¿Cuál fue el primer cómic que recuerdas?
Pues había un kiosko cuando yo era pequeño al que llevaban tebeos, con ocho o nueve años, y eran Pumby o Jaimito, el TBO y los semanales de Bruguera, ese tipo de cosas. Algunos que ni recuerdo la editorial. Antes había publicaciones semanales y se vendían, porque se vendían en los kioskos de donde han desaparecido. No sé el porqué, pero en mi infancia estaban allí y ahora se han recluido en pequeño gueto que son las librerías especializadas, alguna gran superficie estilo Fnac, y antes estaban por la calle. Ahora ya solo El Jueves.
Mucha gente que lee El Jueves no lo considera cómic.
Lo ponen al margen. No sé, son escalas. Por ejemplo los que hacen chistes en el periódico son gente respetada, como Forges, pero los que los hacen en El Jueves lo son algo menos y el que hace tebeos en general es invisible.
¿En qué momento decides lanzarte a este mundillo?
Desde el instituto que publicamos un pequeño fanzine (publicación temática realizada por y para aficionados), en el Zorrilla. Se llamaba La criatura, sacamos tres números, eran unas grapas con fotocopias. Cada uno hacía lo que se le ocurría, nos juntamos media docena y había gente que lo hacía muy bien, luego he perdido de vista a casi todos. Ahora los fanzines se han profesionalizado. Nosotros en El Cretino hemos cambiado el aspecto, el formato y otras cosas. Descubres que casi por el mismo dinero puedes tener algo que esté bien impreso, bien encuadernado y ya que te pones, al menos que queden bien los dibujos.
¿Y a partir de La Criatura?
Me presenté a los concursos de las revistas de Toutain y me publicaron algunas. Cuatro en el Totem sobre un detective cutre y casposo que vivía historias cutres y casposas. Hice otros fanzines como Tinta China o El Garabato, estos de Valladolid y Palencia. Luego por otro concurso, uno que gane en Alcorcón, me puse en contacto con los chicos de El Cretino y empecé con ellos. Era un cúmulo de gente con experiencias de otros fanzines, estaba muy abierto y si nos gustaba lo que alguien hacía pasaba a ser parte sin problema alguno.
Ahora publicáis obras más complejas.
Sí, más monográficas. Empezó con un homenaje a Álvarez Rabo, contactamos con él y un montón de gente se animó. Luego publicamos alguna recopilación de gente nuestra y nos pareció mejor porque llega un punto en que el tipo de humor que nos mandan se nos ha pasado, nos hemos hecho mayores, otros que son de un punky tomando el pelo a un guardia civil que ya se quedan atrás. Nuestro problema es que la distribución es un trabajo muy duro. Siguen funcionando los puntos de venta y hay que llegar a ellos.
“La matanza del cerdo cuando tenía ocho años me parecía un espectáculo superlativo, el cine en 3D es una mariconada comparado”
Vamos a pasar a Maroto, ¿de dónde sale?
Podemos decir que de dos ideas. La ciencia ficción como género suele ser muy urbana, cosas en plan Blade Runner (película de ciencia ficción), parece que no hay campo y que el mundo se acaba en las ciudades. También es algo retrógrado, estamos hartos de ver que alguien se mete en una máquina del tiempo y en el futuro solo hay hombres de las cavernas. Yo pensé en el pueblo, que reaparecen esas formas, ese lenguaje que solo conserva la gente muy mayor, yo crecí en ese ambiente y me hacía gracia juntar todo eso.
No tiene nada de autobiográfico, lo que les sucede a los personajes no tiene que ver conmigo. Sí lo es por el recuerdo que yo tengo de ello, la matanza del cerdo cuando tenía ocho años me parecía un espectáculo superlativo, el cine en 3D es una mariconada comparado. Ese tipo de recuerdos sí, pero no sucesos concretos. También viene por una canción de Aviador Dro que dice “niños mutantes montando en sus motos”, siempre me gustó y el Motomutante Maroto viene por ahí, en el fondo casi una figura retórica.
¿Y cómo te decidiste a hacerlo? ¿Tendremos continuación?
A mí me parecía gracioso. Teniendo en cuenta que yo hago tebeos que me divierten, y luego se me ocurrían más cosas en ese entorno, me pude meter en política como se quejan en mi pueblo, lo mezclas, metes crítica social y sale esto.
Una segunda parte está escrita y las primeras hojas abocetadas, pero no sé, creo que llegue al 2012. Será en torno a unas ochenta páginas, unitaria, casi un largometraje. Volverán algunos elementos, también hablaré del expolio artístico que ha pasado, y planteo un futuro en el que todo el tesoro cultural se vende a los nuevos ricos de turno.
Tú al igual que mucha gente te has ido a Madrid, se está perdiendo mucha cantera.
Claro. Tienes el caso de Enrique Corominas que se fue a Barcelona, pero por ejemplo David Aja o Jesús Redondo sí que viven aquí. Se puede pero hay un prejuicio muy español que es no apreciar lo nuestro, de hecho Arrugas está publicado en Francia y nos llegó de rebote.
¿Qué influencias has tenido, y qué otros proyectos tienes en mente además de Maroto?
Mi dibujante favorito siempre ha sido Hugo Pratt, tiene un estilo muy sintético y es un gran narrador. Astérix, Mortadelo y Filemón con sus grandes aventuras... En cuanto a otros proyectos hay un par que están parados. Uno es una historia más medieval más seria y otra de enredo, una comedia de amores y cambios de pareja. Para mayo queremos sacar un Cretino sobre Rakel Winchester, pero ya veremos.