Luces y sombras
La carta cerrada
Gustavo Martín Garzo
Biblioteca Martín Garzo, Lumen (2009)
272 páginas. 20,90 euros
Tanto en la fotografía como en la pintura existen dos elementos indispensables que pueden convertir a una imagen mundana en una bella descripción de un universo paralelo. El primero es la luz: intangible, efímera, sólida y permanente, la luminosidad en una obra de arte puede trasladar al espectador a la calidez de una tarde en el mediterráneo o al frío húmedo de un día de niebla en Valladolid. El segundo componente esencial es la sombra: oculta, misteriosa y reveladora, la oscuridad da profundidad, perfila y delimita los contornos. Las luces y las sombras son, por tanto, los integrantes de cualquier imagen artística. Pintores, fotógrafos, cineastas o escritores (ellos también pintan con las palabras) son conscientes de ello, ahora bien, no todos tienen el oficio suficiente como para encontrar el equilibrio.
La carta cerrada de Gustavo Martín Garzo es uno de esos libros en los que las palabras y los personajes consiguen perfilar un preciso paisaje lleno de luces y sombras, en este caso, de la capital del Pisuerga durante los años 30. Al comienzo de la historia, prima la luminosidad. Todo resplandece como consecuencia del romance entre una bella joven que trabaja en una joyería y un apuesto policía que insiste con tesón hasta que consigue conquistarla. No obstante, los rayos de luz pronto se disipan dando paso a las sombras y la oscuridad, otorgando a la historia profundidad, relieve y delimitando los contornos. La muerte de uno de los hijos de esta pareja es el potente foco que revela la cara oculta de un padre agresivo y tirano, de una madre condescendiente e inmadura y de un hijo que vive poco y recuerda mucho pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Las sombras
Pese a un comienzo prometedor y un desenlace emocionante, la novela carece de ritmo durante gran parte de la historia central. El escritor vallisoletano se para, con mimo y esmero, en pintar a aquellas marionetas que luego van a dar vida a la obra. No es realmente un fallo, ahora bien, exige al lector tiempo y paciencia, por lo que todo el trabajo puede ser en vano si el espectador se pierde entre las páginas del libro.
Las luces
Quizás el principal logro narrativo de esta novela radique en la brillante construcción de sus personajes. La dicotomía entre la sensibilidad de la madre y la agresividad incontrolada del padre provocan en el lector una serie de sentimientos enfrentados que varían entre la angustia, la rabia y el odio. La intolerancia, la violencia y la maldad de ese policía mafioso son creíbles, verosímiles, gracias al trasfondo vital que relata el escritor. Gustavo Martín Garzo consigue crear a un humano deshumanizado y su fuerza dramática es la que sustenta gran parte del libro.
La carta cerrada es una fotografía en movimiento de Valladolid. Un relato sólido en la trama y creíble en los personajes. Habrá quién catalogue esta novela como una historia de amor (y no le falta razón). No obstante, que esta etiqueta no lleve a equívocos porque lejos de ser un romance rosa, más bien, es azul.