Fernando del Val
Valladolid, 2 - mayo - 1978
Escritor y periodista
Se nota que es un amante de las palabras por el cuidado con el que las trata. Fernando del Val es uno de esos pocos seres reflexivos, pero emocionalmente activos, que piensa mientras habla, frente a aquellos que siguen la fea costumbre de hablar y luego pensar. Cuida los silencios, no levanta la voz y si le preguntas por su obra responde con una timidez humilde propia del trabajo que sale del corazón. Para este escritor vallisoletano, las páginas de sus poemarios son un canal de evasión expresiva en los que pueden convivir la furiosa crítica hacia un sistema que se ahoga, con una bella descripción cuya única pretensión es la estética de las palabras. Su última publicación, Lenguas de hielo (Editorial Difácil), se enmarca dentro de una trilogía (junto a Orfeo en Nueva York y Regreso al Metropolitan) donde “la ciudad mundo” se convierte en una excusa para hablar de la vida.
¿Se ha convertido la poesía en un género maldito?
En la actualidad, el género es anticomercial. Creo que en la evolución de la poesía han actuado dos factores determinantes que la han llevado a enclavarse en un público muy minoritario, muy elegido. El primero de ellos es que la canción ya no tiene una relación fluida con la poesía. Ahora, son géneros estancos, pero que no comparten espacio. Y la segunda razón es la pérdida de la rima. Yo creo que esto hacía más fácil la lectura porque ciertas personas se quedaban más con el soniquete que con la música. En la actualidad en los versos prima el ritmo y la musicalidad.
¿Dónde se encuentra el fallo para que cada vez se lea menos poesía?
El principal fallo está en la educación. Es cierto que cada uno puede arriesgar individualmente y lanzarse a la piscina, no hay cosa mejor, pero yo creo que en los planes de estudio no consiguen profundizar más allá de la generación de los cincuenta. Puede que sea por tiempo o por una mala planificación, pero hay muchos profesores en el instituto que se quedan en el 27 cuando aún había rima, ya que a España llegó mucho más tarde a la apertura del verso. Desde mi punto de vista, creo que habría que adaptar los planes de estudio porque el análisis de esos versos, en cierto modo, carece de sentido. La poesía tiene mucho que ver con el tiempo en el que vive. Espronceda, Góngora son genios, pero que se tienen que leer con el monóculo de su tiempo. Se deben admirar contextualizándolos.
¿El periodismo y la literatura pueden o deben convivir y relacionarse?
El periodismo tiene que evolucionar por medio de la apertura de los géneros. El reportaje interpretativo, la crónica y todas estas piezas periodísticas dejan un espacio muy abierto que no se está sabiendo aprovechar. Por otro lado, también se debe mejorar en la redacción. Hace unos años escuché una entrevista al director del Marca que decía que iban bien de ventas, pero que sus redactores escribían mal. Si es importante para la prensa deportiva que la gente escriba bien, no digamos para un medio generalista. Por tanto, si tenemos en cuenta que la escritura nace de la literatura, que es el orfeón en el que actúa, se puede deducir que el periodismo se debe nutrir mucho más de la literatura.
“Valladolid no me atrae en absoluto para escribir un libro, pero sí para escribir una serie de tribunas periodísticas que enfocan la ciudad desde otro punto de vista”
Tu última publicación, Lenguas de hielo, se enmarca dentro de una trilogía que tiene como nexo de unión Nueva York. ¿Por qué no Valladolid? ¿Podrías hacer algo similar con esta ciudad?
Valladolid no me atrae en absoluto para escribir un libro, pero sí para escribir una serie de tribunas periodísticas que enfocan la ciudad desde otro punto de vista. Además, yo a Nueva York tampoco iba con la intención de escribir un poemario, lo que pasa es que la ciudad me cogió de la solapa y no me pude escapar. Creo que lo más provinciano es irse lejos para escribir de algo que está lejos. Yo simplemente escribo de lo que me “toca”. Paralelamente, es importante mantener cierta distancia con el objeto porque te ahoga. Por eso no puedo hacer algo similar a este trabajo con Valladolid, debería enfocarlo desde otro punto de vista.
¿Te podrías quedar con alguna característica de “la ciudad mundo”?
La inmutabilidad dentro de la permanente mutabilidad. Nueva York es una ciudad que se construye y derruye permanentemente. Otra, quizás, es la luz que dota de alma a la arquitectura. Esta idea entronca con una línea de pensamiento que tienen otros autores como Esperanza Ortega que hablan del alma de las cosas, de la espiritualidad que tiene la materia.
¿Cómo fue tu metodología de trabajo mientras estabas en Nueva York?
Siempre llevaba algunos papelajos en el bolso. Y cuando se me acababan los dos papeles que me había llevado paraba en un bar, pedía una porción o un café y cogía unas servilletas. Sé que esto suena muy socorrido, pero la verdad es que es útil, porque la memoria muchas veces falla. Además, las ideas y las palabras suelen venir en cascada y lo más seguro es que si no lo apuntas se te pierda en el olvido.
Existe mucha gente que piensa que la poesía es incomprensible y que es muy difícil de disfrutar. He seleccionado unos pocos versos para demostrar que no, que más bien responde a una necesidad humana, y para que los enmarques en un contexto creativo:
Ni el eructo de un perro callejero / suena tan preciso/ “recoge tus cosas y sigue caminando”
Hay unos personajes que están dispersos por la trilogía y por Nueva York que son los mendigos ocupando escaleras de iglesias, por el metro o en bancos. Me parece que son un retrato perfecto de la ciudad. Por un lado, el capitalismo produce Times Square, y por otro están ellos. El capitalismo produce desechos sociales (en la peor de las acepciones y lo más deshumanizada posible) que son unas personas sin horizontes. Es durísimo decirlo, pero lo que es más duro es que ese sistema económico genere la marginación que por otro lado es causa directa de violencia. Si la raíz está en el sistema económico, habrá que hacer unos ajustes
Una puesta de sol redentora y temible / como la del paisaje con la caída de ícaro
Este verso hace referencia al hecho de que los tres volúmenes de la trilogía están interconectados, y esta es una referencia al primero. Mi intención es la de hablar del movimiento en Nueva York. Se trata de una ciudad en constante movimiento donde en cualquier momento puedes apretar la cámara y que te salga algo movido. La ciudad no es una escultura del Metropolitan, ni mucho menos. Nueva York es una urbe que vive en una permanente contradicción.
El océano es un camposanto lleno de vida / donde todo cabe / como en la palma de una mano
Este verso nace por el contacto que tuve con personas que habían hecho el viaje hasta Nueva York en pateras. Hay mucha gente que se queda en el camino y solo en ese momento te puedes llegar a dar cuenta de que las cosas importantes son intangibles. La vida es mundana, es concreta, es absurda y no tiene la menor importancia. Ahora bien, las ideas no.
No hay radiografía de un hombre más poderosa que su sombra
Yo valoro mucho el aforismo. Estoy muy influido por Ángel Crespo, este escritor e intelectual de mente privilegiada tiene unos aforismos que son los mejores que he leído. Esta técnica a mí me encanta, porque creo que la poesía tiene un haz de luz que debe proyectar en el momento de la lectura y para ello se requiere a veces de una imagen aforística. Ahora bien, encontrarlos es mérito del lector, porque todo lo que se interpreta en un libro es mérito del que lo lee y no del que lo escribe. El que lo escribe lo deja como un mensaje en la botella, y si no es interpretado por el lector los versos quedan vacíos.
Para terminar, ¿te vas a atrever algún día con la prosa?
Sí que me lo he planteado, pero tengo muchas dudas sobre mi capacidad a la hora de escribir una novela y estas dudas me atascan. Además, perdí una (y esto puede entrar en el anecdotario universal de la literatura) en un ordenador que me robaron. No la tenía entera, pero tenía sesenta páginas y estaba muy contento. No la he vuelto a empezar porque estaba concebida desde un ideal poético, no en el estilo, sino en la concepción. Ahora estoy trabajando en un proyecto muy divertido, una cosa a cuatro manos que puede ser muy interesante. Espero que ese proyecto me destapone la vía narrativa.