César N. Sanz Alonso. Valladolid, 22-2-1968
Director de la Editorial Difácil
Mientras muchos hablan del entierro de la era Gutenberg, los editores buscan la manera de hacer rentable el negocio de la literatura. Las opiniones sobre cómo conseguirlo están divididas al respecto. Por un lado están aquellos teóricos y gurús de la Red que proclaman que el papel está abocado al fracaso y que, en muy poco tiempo, todo será digital. Por otro, se sitúan aquellos que creen que los libros tradicionales y los electrónicos convivirán aún durante muchos años. De una manera u otra, el modelo empresarial de la literatura se encuentra en una disyuntiva, y en estos años en los que las tecnologías de la información evolucionan a una rapidez tan vertiginosa, la toma de una decisión es difícil. En Valladolid, existe una pequeña editorial llamada Difácil que está realizando un modelo de negocio mixto. A la expectativa de cómo se desarrolla el mercado, ellos apuestan por un libro impreso cuidado en la presentación, y un pequeño y selectivo catálogo de publicaciones ofertado a través de Internet.
¿Cómo se seleccionan los autores y los libros que se publican?
Yo soy un editor literario y desde el principio mi objetivo era descubrir gente nueva. Hay algunos con más nombre, pero en general siempre he intentado que sea gente desconocida la que edite Difácil. Los escritores tienen orgullo de obra (que es bueno que la tengan) y los editores tenemos orgullo de obra ajena.
¿Cuántos manuscritos llegan a una Editorial como Difácil?
A la semana, por papel me suelen llegar unos ocho manuscritos; por correo electrónico, entre tres y cinco diarios.
Y entre todos esos, ¿cómo se hace una selección?
Nunca hago una selección previa por el nombre. Generalmente, se selecciona por el gusto lector del editor. Yo antes me leía todo, ahora, con la cantidad que llega es imposible. Intento abrir el documento, leer un poquito y tras esto muchas veces es fácil de reconocer que el texto tiene algo (aunque esté mal escrito) o que está muy vacío. Se nota en seguida.
¿Se hacen apuestas de riesgo o se piensa en la comercialización de una obra cuando se elige editarla?
Nunca un editor sabe lo que va a entrar en el mercado editorial. Intentas hacer un catálogo dentro de tu gusto personal (a mí por ejemplo me atrae más una literatura urbana).
¿Un editor piensa en el libro como un producto que hay que rentabilizar?
Sí, claro que piensas, pero no siempre. Yo tengo una colección de poesía que no es comercial, por lo que luego tienes que compensar el catálogo. Las publicaciones más difíciles las tienes que cubrir con otras apuestas menos arriesgadas. De una manera u otra, mi catálogo nunca ha sido comercial porque creo sinceramente que los editores no sabemos lo que va a funcionar. En un momento determinado, puedes pensar que lo histórico o lo detectivesco se va a vender bien, pero luego hay sorpresas. Por ejemplo, libros como Soldados de Salamina triunfan y nadie se lo espera.
¿Qué previsiones hay con la entrada en escena del libro digital?
Creo que el libro digital es el futuro. Nosotros ya estamos apostando por esta realidad y ofertamos nuestras publicaciones en una plataforma conjunta con otras editoriales que se llama Libro sin libro (www.librosinlibro.es). Desde mi punto de vista, creo que los dos soportes van a convivir, pero también tengo claro que el futuro va a ser digital.
¿Cómo se va a comercializar? ¿No se tiene miedo a que pase lo mismo que en la industria musical o cinematográfica?
Pues la verdad que sí. Por ejemplo, hace poco me llegó un estudio del Gremio de Editores en el que se aseguraba que el 50 % de los libros que circulan por la Red son piratas. Todavía no se sabe cómo hacer el negocio rentable, y el principal motivo es que los gobiernos no quieren mojarse. Si piensas que en los tres últimos años se han perdido 15.000 puestos de trabajo directos en España por piratería y que se estima que el Estado ha dejado de percibir unos 7.500 millones de ingresos por IVA (la rebaja de los funcionarios son 1.500 millones), te das cuenta que hace falta una ley que lo regule.
¿Si se pone en marcha una legislación como la fallida Ley Sinde, no se perderá libertad en la Red?
La cultura siempre ha sido libre y abierta, pero esto no quiere decir gratuita. Yo vendo contenidos, y para ello estoy haciendo un esfuerzo, mis autores también y todos los que trabajan para que salga un libro también, por lo tanto es lógico que el consumidor realice un pago por nuestro trabajo. Algunos dicen: “Es que tenemos derecho a la cultura”. Pues bien, también es un derecho constitucional la vivienda y no nos la regalan. Además, se debe tener en cuenta que la gente ya no valora la cultura por su gratuidad en Internet.
“No estoy en contra absoluta de la piratería. Si alguien compra nueve discos, y se baja ocho, no me preocupa”
¿La piratería es un delito, o se trata simplemente de compartir contenidos?
En nuestra sociedad, el concepto de piratería tiene un significado “gracioso”. Se debe cambiar esta concepción para empezar a tratar este hecho como un robo de la propiedad intelectual. Yo no estoy en contra absoluta de la piratería, hay ciertos límites. Si alguien me dice que al año se compra nueve discos y se baja ocho, no me preocupa, en ese caso la industria funciona. Como no funciona es cuando te bajas veinticinco y no te compras ninguno.
¿Qué medidas se pueden adoptar para que se desarrolle de manera legal el mercado del libro digital?
Pues una de las medidas más claras que se tendría que tomar es que el IVA reducido que tienen los libros impresos del 4% se extrapole a los libros digitales, que en la actualidad tienen un impuesto del 18%.
¿Se puede devaluar el valor del libro si se empieza a publicar todo sin ningún tipo de filtro en la Red?
El problema es que es un circuito comercial novedoso. Si se publica todo puede ser peligroso y nada comercial, desde mi punto de vista aunque en una plataforma digital hay más capacidad de maniobrar se debe cuidar mucho el catálogo para poder ganar lectores.
¿Qué libro te hubiera gustado editar?
Me hubiera encantado editar la triología que escribió Óscar Esquivias.
¿Algo que nunca editarías?
Es difícil, no me suele gustar mucho lo rural aunque reconozco que hay grandes obras. Lo que nunca editaría sería algo de tipo cotilleo, por ejemplo Las Memorias del Conde Lequio, prefiero cerrar la editorial a publicar algo así.