Laura Rivas
Son muchas las sustancias que pueden intoxicar a nuestras mascotas. Hoy en día, la estrecha convivencia que tenemos con ellas, es la principal razón. Compartimos (a diferencia de hace unos años): salón, cocina, baño e incluso dormitorio en muchas ocasiones; nuestros enseres, utensilios y productos de limpieza están sin darnos cuenta demasiado “a mano” para ellos.
Es por esto que debemos extremar las precauciones y saber cómo actuar ante una posible intoxicación.
La mayoría de las intoxicaciones incluyen síntomas comunes, algunos de los cuales son: nerviosos (coma, convulsiones, rigidez corporal…); digestivos (hipersalivación, vómitos, diarrea); respiratorios (dificultad respiratoria, tos); alteraciones de la temperatura corporal; y hemorragias. Por eso será imprescindible conocer en la medida de lo posible, el tóxico causante. Algunos de los más frecuentes, son:
Productos de limpieza doméstica: Jabones, detergentes y lejías: dependiendo del tipo pueden causar lesiones gastrointestinales, gastritis, dermatitis, problemas oculares o quemaduras corrosivas en boca, faringe y esófago. Los vapores de la lejía puede dar lugar a tos, disnea y nauseas por irritación pulmonar.
Plomo: actualmente no es tan frecuente, debido a que las fuentes de plomo no son tan comunes (pinturas con plomo, cañerías de casas viejas, plomadas de pesca, municiones, etc).
Anticongelante: el etilenglicol (compuesto de los anticongelantes de los vehículos) atrae, por su sabor, a los animales a ingerirlo, produciendo una insuficiencia renal irreversible y por lo tanto mortal en muchas ocasiones.
Medicamentos: cuando hemos de seguir un tratamiento con medicinas, podemos incurrir en el riesgo de dejar ese medicamento “a mano”, estando también al alcance de nuestras mascotas.
- Ácido acetilsalicílico (aspirina): es mucho más tóxico para gatos que para perros, puesto que presentan un déficit de la actividad glucuronil-transferasa (enzima hepática), necesaria para la liberación de toxinas y excreción.
- Paracetamol: los perros padecen sobre todo necrosis hepática. Los gatos desarrollan principalmente lesiones en glóbulos rojos.
Corrosivos: ácidos. Se encuentran en productos químicos para piscinas, limpiadores, compuestos anti-óxido, líquido para limpiar el cañón de armas de fuego, baterías de automóviles y material para soldar. Está contraindicada la inducción del vómito tras su ingestión. En caso de contacto con la piel: lavar esta abundantemente con agua, durante 10-20 minutos. Prevenir las automutilaciones adicionales (colocar collar isabelino o bozal).
Alimentos:
- Chocolate: contiene teobromina y cantidades reducidas de cafeína. Las intoxicaciones por chocolate suelen producirse en perros y, muy raramente, en gatos. En caso de intoxicación observaremos los síntomas a las 6-12 horas después de haber ingerido el chocolate. Los granos de café expreso, cubiertos con chocolate, son particularmente problemáticos, ya que pueden contener grandes cantidades de ambos, teobromina y cafeína.
- El chocolate con leche: contiene cantidades más bajas de teobromina. Normalmente, los animales necesitan consumir, al menos, de 1 a 2 onzas de chocolate con leche (onza = 28,4 grs.), por kilogramo de peso corporal, antes de que aparezcan síntomas de intoxicación (menor cantidad en el caso del chocolate puro).
- Ajo y cebolla: se atribuye a una sustancia llamada Tiosulfato. Aunque los efectos tóxicos no siempre aparecen, sobre todo si se consume en bajas cantidades y por accidente, las cosas se vuelven muy complicadas cuando los perros son alimentados con cebolla regularmente o una vez pero en grandes cantidades. Los efectos más comunes es anemia hemolítica por destrucción de los glóbulos rojos, disminuyen la oxigenación al cerebro y otros órganos vitales. Los gatos son aun más sensibles a estos efectos tóxicos de cebollas y ajos.
- Chorizo: mucho cuidado con este embutido ya que puede ocasionar graves problemas gastrointestinales aunque no sea considerado una intoxicación como tal. En animales de pequeño tamaño, produce graves gastroenteritis hemorrágicas.
Plantas:
- Lirios (azucenas): todas las flores de la especie Lilium, son extremadamente tóxicos para los gatos. Sin embargo no lo son para los perros, La ingestión de una o dos hojas o pétalos por un gato, es suficiente para causar insuficiencia renal repentina. Incluso el polen de las flores de lirios son tóxicas para los gatos. La insuficiencia renal se inicia después de unos días, desde que el gato comienza a ingerir los lirios.
- Poinsetias (Flor de Pascua): la savia lechosa de la flor de las poinsetias contiene propiedades irritantes, aunque son improbables las intoxicaciones graves o mortales.
- Muérdago: el muérdago americano es menos tóxico que su contraparte europea.
- Holly (Acebo): la irritación del tracto gastrointestinal por las saponinas (similar a las poinsetias), y el daño físico del estómago y el tracto intestinal por los puntos espinosos de las hojas. Además, la ingestión de grandes cantidades de acebo también puede causar una obstrucción intestinal ya que las hojas son difíciles de digerir.
- Es imprescindible saber la sustancia que ha ingerido para poder administrar, en caso de que exista, el antídoto específico.
- Llamar de inmediato al veterinario para informar de los síntomas, la posible sustancia ingerida, etc, ya que puede darnos algunos consejos hasta que lleguemos a la clínica veterinaria.
- No administrar eméticos (sustancias que provoquen el vómito) sin antes consultarlo con el veterinario, ya que en algunas intoxicaciones están totalmente desaconsejado (ej corrosivos).
- No dar nada oral (leche, clara de huevo, agua oxigenada, etc), si el animal está comatoso o con convulsiones.
- El agua oxigenada diluida puede ser un emético casero, que provocará fácilmente el vómito y la expulsión del tóxico.
- En el caso de intoxicación con algunos detergentes, podría aministrarse leche por vía oral.
- En caso de contacto con la piel o con los ojos lavar con agua abundantemente.
- Vigilar la temperatura corporal mediante un termómetro, que se colocará en el ano del animal si nos lo permite, y calentarlo o enfriarlo con botellas de agua caliente o fría según temperatura (la temperatura normal es de 38,5 a 39ºC).
- Acudir lo antes posible a un centro veterinario, la clave está en la rapidez con la que consigamos eliminar el tóxico, para que el organismo absorba la menor cantidad posible.